Lucía apretó los puños bajo la mesa; los restos de su autocontrol esa mañana se estaban agotando. Mateo solo soltó una risita, bebiendo de su café, disfrutando realmente de ver cómo su esposa perdía la paciencia. Aquel día prometía no ser fácil para Lucía.
Y así fue. Unas horas después, mientras estaban en la entrada de la lujosa mansión de la estrella del Madrid Royale FC, rodeados de coches de alta gama —desde un SUV negro, brillante y robusto, hasta deportivos rojos que, por alguna razón, si