Mateo apretó el abrazo un instante antes de soltar a Lucía, pero mantuvo su mano en la cintura de ella con posesividad, como si reafirmara ante el mundo entero que la mujer a su lado le pertenecía. El sonido de los disparos de las cámaras resonaba incesante detrás de la valla perimetral. Algunos periodistas incluso peleaban por la mejor posición para obtener el ángulo perfecto de aquel momento romántico entre la estrella del fútbol y su esposa.
—Sonríe un poco más —susurró Mateo de nuevo, esta