Después de que los niños salieran guiados por la cuidadora hacia sus asientos, Javier Vargas entró mirando su reloj de oro.—Dos minutos, señorita Vega. Es la hora.La Marcha Nupcial retumbó desde los enormes órganos de la catedral, llenando el espacio gótico con una melodía grandiosa y sagrada. Las puertas dobles se abrieron lentamente, revelando un interior lleno de cientos de invitados VIP: desde los compañeros de equipo de Mateo en el Real Madrid y celebridades, hasta los directivos de Vitality Milk que estaban en primera fila con una sonrisa de satisfacción.Lucía caminó lentamente sobre la alfombra roja, del brazo de su padrino, con la mirada fija al frente. Al final del altar, estaba el hombre que cambiaría su vida.Mateo Torres estaba de pie, muy derecho, con un esmoquin clásico, camisa blanca impecable y corbata de lazo. El corte de la ropa resaltaba sus hombros anchos y su altura. Su rostro, que en el campo solía verse arrogante, ahora lucía increíblemente tranquilo, aunque
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