AMBER PIERCE
—Yo conduzco —dije en cuanto todos comenzaron a entrar al auto y estiré mi mano hacia Dylan, quien tenía las llaves de Christine.
—¡Claro que por supuesto que no! —exclamó alejando las llaves como si tuviera miedo de que se las fuera a arrebatar—. Te irás atrás, junto a tu… cosa esa que llamas esposo y con Jazmín. Yo y él perro nos vamos enfrente.
No supe quién se ofendió más de todos, pero no me pasó desapercibido que la única a la que le habló con respeto fue a Jazmín.
—Solo d