AMBER PIERCE
Mantuve la calma e incluso dejé que el segundo auto que nos perseguía se acercara más. Hasta que llegamos a un puente estrecho que estaba sobre un río que en esas épocas del año era caudaloso. Cualquier cosa que cayera ahí desaparecería por días, sin importar su tamaño.
Aceleré, queriendo ganar el carril, pero tanto el deportivo, como el otro auto también lo hicieron, buscando atravesarse e impedirme el paso.
Justo antes de llegar al puente, frené, haciendo que ambos autos se sig