BYRON HARRINGTON
Había cambiado mis lentes negros por unos claros, sin aumento, pupilentes castaños para esconder el color natural de mis ojos. Con un uniforme de enfermero que Jazmín consiguió escabulléndose en los vestidores y un cubrebocas ocultando la mitad de mi rostro, entré al hospital con toda la confianza.
De inmediato tomé una camilla y comencé a andar directo a la habitación de Amber, siguiendo ciegamente la información que Steve había podido recuperar de la computadora de recepción