JAZMÍN HERRERA
—El hombre desapareció antes de que pudiera hacerme daño. Alguien me lo había quitado de encima —susurré con la mirada perdida en mis recuerdos—. Cuando me di cuenta era Byron, que sin piedad comenzó a disparar hacia ellos, matando a dos de los tres hombres que nos habían lastimado.
»Volteó hacia mí, en el piso, con una ceja arqueada y una actitud de cansancio, viéndome más como una carga que como una víctima. Me ayudó a quitarme la soga de las muñecas mientras su ayudante, Stev