AMBER PIERCE
—Anthony, no sé qué estás pensando, pero Byron no debe de tardar en llegar y no le va a gustar verte aquí —solté con molestia, estrechando con más fuerza a Jeremy.
—Sé que Byron no tarda, por eso estoy aquí, porque no puedo hablar con libertad frente a él —agregó acercándose aún más—. Amber, ven conmigo, hablemos, por favor. Ya estoy cansado de esperar a que recuerdes.
—¿Cómo? —pregunté sorprendida con el corazón acelerado—. ¿De qué hablas?
—Todas esas lagunas mentales, espacios