AMBER PIERCE
Tragué saliva con dificultad y me subí a la mesa, aferrándome con ambas manos al tubo para no caer, mientras el nerviosismo me devoraba viva y me mantenía confundida. Intenté cargar el peso de mi cuerpo solo con las manos aferradas al tubo de metal, pero me di cuenta de que se necesitaba más que buenas intenciones, se necesita práctica y fuerza, ambas cosas que yo no tenía.
—No, demasiado peligroso —susurré y me mordí los labios—. Puedo morir.
No mentía, ya podía imaginarme cayen