AMBER PIERCE
El lugar no parecía cualquier congal de mala muerte, empezando por el camerino al que me habían traído que parecía digno de cualquier estrella de Hollywood. Incluso la ropa que me habían dado no era de tela barata y de hechura simple. Sí, era reducida, dejando mucha piel a simple vista, pero la tela parecía seda y la pedrería era sutil. Brillaba demasiado para ser solo cristales baratos, podía jurar que eran diamantes reales.
Me apoyé con ambas manos en el tocador y comencé a hipe