AMBER PIERCE
Ni siquiera recuerdo bien cómo regresamos a casa. Después de hacerlo varias veces en ese burdel, me cubrió con su saco y salimos de ahí, directo hacia el auto, donde me puso sobre su regazo y siguió besándome hasta que nuestros labios se desgastaron. No era la pasión de cada noche, era algo más intenso, algo más profundo, y al llegar por fin al dormitorio volvimos a estar juntos.
Él no parecía querer parar y yo deseaba que no lo hiciera. Mi cuerpo vibraba queriendo ser suya, no es