BYRON HARRINGTON
Los ojos de Amber se abrieron tanto que pensé que se le saldrían, y jaló aire como si sus pulmones hubieran colapsado antes de soltar un grito desgarrador que me inmovilizó y me erizó la piel.
—¡¿Amber?! ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué tienes?! —grité desesperado, buscando en su cuerpo alguna herida.
—Los bebés… —gimoteó apretando con fuerza los ojos— …¡Ya vienen!
El rostro se me deslavó de todo gesto y palidecí.
—¿Ya vienen? ¡¿Cómo que ya vienen?! —exclamé preocupado, había hecho cosas h