AMBER PIERCE
No fue difícil encontrar la tumba de Byron. Era la más reciente, aún rodeada con coronas de flores y otros arreglos de la gente que lo quería. No pude evitar sonreír, pues, aunque parecía que no tenía amigos y que solo era temido, en realidad había sido amado y admirado.
Puse ambas manos en mi vientre y sonreí, pero las lágrimas volvieron a caer en cuanto vi su nombre en letras doradas.
—Sé que no estás ahí —susurré con la mirada clavada en el césped—, pero tampoco sé si sigues c