BYRON HARRINGTON
Llegamos en Christine a la mansión, con el corazón latiéndome en la garganta. Los primeros en bajar fueron Dylan y Jazmín, quienes corrieron hacia la entrada, mientras yo levantaba la mirada hacia la ventana de la habitación principal, estaba a oscuras y me dio mala espina.
—¡¿Dónde está Amber?! —exclamó Jazmín en cuanto rebasó la puerta.
—En su cuarto, descansando —reconocí la voz de la señora Pierce, sonaba somnolienta. Entonces atravesé el umbral, sintiendo que esa casa me