AMBER PIERCE
—Está vivo… —susurró Anthony a regañadientes mientras los ojos se me llenaban de lágrimas—. Me torturó cada día, me hizo rogar por la muerte, pero aquí sigo, pese a todos sus intentos, pese a tu odio y su maldad.
»Él sigue vivo, Amber, y se encargó de hacerme odiar la vida. —Levantó el abrigo que portaba, el mismo que me había quitado y había roto al ponérselo, mostrándome como su pierna apenas se mantenía unida al resto de su cuerpo por unos trozos de carne podrida. La repulsión