AMBER PIERCE
«Entonces la vi, en medio de la pista, bailando. Todas las miradas estaban en ella y para mí el resto del mundo había desaparecido y solo podía verla a ella. Lo supe, tenía que ser mi mujer y empecé preguntando su nombre: Charlotte».
Cerré el diario y resoplé con molestia. Creí que encontraría algo personal sobre Byron, recuerdos de su infancia, incluso proyectos de la empresa, pero el diario solo hablaba de Charlotte, de lo maravillosa que era y de cómo la adoraba.
Mi curiosidad