AMBER PIERCE
Las palabras de Byron me habían llevado muy alto, me había sentido querida y respetada por un momento, hasta que el nombre de Charlotte apareció. Una vez dejando claro todo, se dirigió hacia la puerta de la cocina con una única encomienda que me resultó ofensiva.
—Madre, no puedo hacer que quieras a Charlotte, pero sí que dejes de molestarla y respetes que es mi esposa —sentenció antes de dejarnos solas, con el aroma de la comida inundando el ambiente, con mi corazón roto y la mir