AMBER PIERCE
—Si quieres seguir al lado de ese pequeño bastardo, entonces apégate al guion —sentenció la señora Harrington mientras mantenía su mirada fija en mí, amenazante y cruel.
—Solo quiero aclarar algo —dije conteniendo mis ganas de golpearla, tomando una galleta del frasco en medio de nosotras y apoyándome sobre la isla de la cocina como si esta fuera una plática inocente—. En primera, ese niño no es un bastardo, es su nieto, lleva la sangre de su hijo por sus venas, tal vez no la mía,