Bianca llegó a su hogar arrastrando el peso de un día agotador. La oficina de Eric Harrington era un desastre emocional que la dejaba exhausta. Sin embargo, en el momento en que vio las caras de sus mellizos, Olivia y Henry, toda la fatiga se disipó. Sus risas y sus abrazos eran la recarga de energía que siempre necesitaba.
—¿Ya cenaron, mis amores? —les preguntó, estrechándolos contra sí.
Henry asintió con entusiasmo.
—¡Sí, mami! Julia nos preparó unos sándwiches de atún deliciosos y un batid