La presión de su inminente encuentro con Eric Harrington, ese hombre que era a la vez su pasado doloroso y su futuro profesional, era un peso tangible sobre sus hombros. A pesar de todo, se obligó a esbozar su mejor sonrisa, una máscara perfecta para la tormenta que se desataba en su interior.
Clara, fue la primera en abordarla, envolviéndola en un abrazo efusivo.
—¡Bianca, qué alegría verte! —exclamó, sus palabras saliendo en un torrente de preguntas—. ¿Has dormido bien? ¿Has podido descansar