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La jornada laboral había terminado, y Eric se sentía como si una losa de cemento le oprimiera el pecho. La llamada a Elara había sido un paso arriesgado, pero necesario. Sin embargo, la incertidumbre de la reacción de Bianca y la inminente confesión a sus padres lo tenían al límite. Por eso, la propuesta de Isaac le pareció la válvula de escape perfecta.

—¿Qué tal si vamos a beber un poco? —preguntó Isaac, con una sonrisa pícara—. Hace mucho que no lo hacemos.

Eric lo miró, serio.

—¿Hace much
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