El sol de la mañana parisina se filtraba suavemente por las cortinas, pintando la habitación con un tono dorado. Bianca se desperezó, el suave gemido de Olivia en la cuna cercana tirándola de vuelta a la realidad. Por un momento, olvidó dónde estaba. Luego, los recuerdos del largo viaje y la nueva ciudad acudieron a ella.
Se levantó, estirándose, y se acercó a la cuna. Olivia la miró con esos grandes ojos curiosos, y Bianca le regaló una sonrisa cansada pero llena de amor. Henry, en la cuna co