Bianca continuó trabajando, pero su mente ya estaba en la tarde. El reloj en la pared se movía con una lentitud exasperante. Sentía una emoción creciente por su próximo encuentro con Eric. Santiago, que se mantenía cerca, observándola, se dio cuenta. Ahora lo entendía todo. La sonrisa, la felicidad en su rostro. Todo era por Eric.
De repente, Clara se levantó de la silla que había estado ocupando por varias horas.
—Necesitaba hacer esto —soltó, estirándose—. Estoy bastante agotada. Saldré a hac