A la mañana siguiente, Bianca se levantó temprano, su corazón latiendo con una emoción que hacía mucho no sentía. Se preparó para ir al trabajo y, al salir de su habitación, vio que los niños ya estaban listos.
—¿Están preparados para la escuela, mis amores? —les preguntó, sonriendo.
Los niños asintieron, sus rostros irradiaban alegría. Bianca les dio un beso en la mejilla a cada uno.
—Espero que se porten bien, que estudien mucho hoy —les deseó con cariño.
En ese momento, apareció Julia. La niñera se le quedó mirando a Bianca, notando que su rostro brillaba con una felicidad que no le veía desde hacía mucho. Sintió una genuina alegría por ella, aunque la curiosidad le picaba por saber la razón de esa felicidad. Sin embargo, no preguntó nada, sintiendo que no le incumbía.
—Gracias una vez más por cuidar de los niños, Julia. Por cierto, ya te transferí el pago y también un extra —dijo Bianca, agradecida.
Julia sonrió, un poco avergonzada.
—Muchas gracias, pero no tenías que enviarme un