Algunos días después, Lorena se despidió. Había pasado unos días maravillosos en la ciudad, llevando a los niños a pasear y compartiendo con ellos. Esa misma mañana, Bianca recibió una llamada inesperada de Eric. Contestó, con el corazón latiendo con fuerza.
—¿Qué pasa, Eric? —quiso saber, con voz cautelosa.
—Bianca, estaba pensando en invitarte a salir… yo... —comenzó a decir.
—¿Crees que aceptaré una salida contigo? ¡Por supuesto que no! Pensé que ya había dejado las cosas claras entre tú y yo —rugió, con una exasperación que no pudo ocultar.
El hombre suspiró, frustrado.
—Pues pensaba en una salida con los niños también, no solo tú y yo. De hecho, pensaba que podemos ir de pícnic en la mañana. Es bastante buena, agradable, el sol está cálido, y pienso que sería una gran idea.
Bianca, al escucharlo, sintió que la rabia se disipaba. Una salida con los niños era una idea maravillosa.
—Entonces, ¿qué es lo que tengo que comprar? ¿A qué hora vienes, o yo llevo a los niños? ¿Dónd