Luego del encuentro, los niños y Eric pasaron un tiempo más juntos. Él los conoció, aprendió de ellos, y se dio cuenta de que la vida podía ser más maravillosa de lo que ya era. Se sentía completo, como si hubiera encontrado las piezas que le faltaban a su rompecabezas. Su pequeña Olivia era tan hermosa, con los ojos color miel como su madre y el cabello rubio como el de él. Su hijo Henry tenía los ojos azules, era de piel blanca y tenía el cabello castaño.
Ambos eran tan bonitos y cariñosos.