— ¡¿Estás demente?! — Soltó Liam, incrédulo.
— ¡ME NECESITAN! ¡ASÍ QUE NOS QUEDAREMOS AQUÍ HASTA QUE LLAME A UN ABOGADO Y REDACTEMOS UN ACUERDO DE MATRIMONIO Y UN CONTRATO DE CESIÓN DE DERECHOS! ¡SOLO ASÍ SALVARÉ AL MOCOSO Y MEJOR AGRADEZCAN QUE ESTOY SIENDO BONDADOSA AL SALVAR LA VIDA DEL ESCUINCLE, PAR DE MALAGRADECIDOS!
Con las manos temblorosas, Alicia sacó el teléfono celular de su bolso para marcar cuando escuchó el sonido de una sonrisa contenida y al levantar la vista, notó cómo Ania apretaba los labios.
— No firmaré nada, estás demente si piensas que puedes venir a coaccionarme… Pero no te equivoques, Alicia, si es necesario, yo mismo te acostaré en la camilla y te obligaré a donarle médula a mi hijo… — Gruñó Liam, sin quitarle los ojos de encima a Alicia.
— No puedes obligarme, tengo derechos, ¿Sabes? — Respondió Alicia con altanería. — Así que si no firmas, solo estás condenando a tu hijo…
TOC, TOC, TOC, un fuerte golpeteo en la puerta resonó.
— ¿Señora Anderson? ¿S