Impaciente, Ania tuvo que esperar que facturaran cada pieza y las empacaran, aunque tampoco podía salir a la carrera para buscar a Liam dejando todo, pues eso podría hacerlo pensar mal.
El chófer terminaba de llevar las últimas cajas y paquetes, ya había pasado un buen rato desde que Liam había salido y Ania se sentía cada vez más afanada.
— Muchas gracias por su compra, señora Anderson, esperamos tenerla de vuelta muy pronto… — La encargada le entregó el recibo con la tarjeta.
— Gracias… —