Liam la levantó, manteniéndola entre sus brazos y se dirigió a la habitación, abriendo con una patada a la puerta, Ania seguía besándolo incontrolable, mientras él apretaba el trasero de ella cada vez con más firmeza.
En la enorme cama con pedestales, él la bajó en la orilla, en dónde Ania se sentó, sin dejar de mirarlo a los ojos, al tiempo que lentamente iba soltándole el cinturón del pantalón, al mismo tiempo que Liam se quitaba la chaqueta y se desabotonaba la camisa.
Hacía tanto que ella