Dorian
Al llegar, al horroble barrio bajé con paso firme. Toqué el timbre con desesperación, hasta que ella abrió, estaba sorprendida de verme y sobre todo se veía jodidamente preciosa.
Shorts de algodón, blusa suelta, cabello recogido en una trenza. Casi me hace olvidar lo que vine a hacer. Casi.
—¿Usted? ¿Qué haces aquí?
Su tono era seco, molesto. Perfecto, eso me da más razones para quedarme.
—¿No piensas invitarme a pasar? —le mostré la caja de rosas y la bolsa—. No vine con las manos vac