Vanessa
Quién diría que terminaría así… tiriteando de frío en un lugar desconocido, con la piel erizada y el corazón palpitando tan fuerte que podía escucharlo en mis oídos. Frente a mí, la madrugada se extendía más oscura de lo que imaginaba posible. El aire era espeso, casi hostil, y las aves nocturnas no dejaban de emitir esos chillidos extraños que me ponían los nervios de punta. Hace apenas unas horas nos habían atacado, y todavía podía sentir en el cuerpo el eco de aquel miedo.
Cuántos en