Dorian
Lo único que lograré es que ella acepte. Así que no hay vuelta atrás: mañana mismo buscaré la forma de casarla conmigo. Eso es lo que quiero: tenerla solo para mí, en mi mansión, hacerla mía las veces que yo desee. Nada ni nadie podrá alejarme de ella. Sí, lo sé, estoy jugando sucio, pero se lo advertí: era por las buenas o por las malas. Y ella decidió por las malas.
Llegamos a un gran salón. Ella se quedó sentada, con el rostro tenso; la observé fijamente mientras deslizaba el papel so