Dorian
Las carcajadas me salían del pecho como una orquesta infernal mientras mis hombres se encargaban de castigar, con puños que parecían martillos, a los inútiles que se atrevieron a fallarme. Los golpeaban como si fueran sacos de boxeo mal rellenos. Un espectáculo grotesco... y francamente entretenido.
Pero no, no me malinterpretes. No es que disfrute la violencia sin propósito. Es que me repugna la incompetencia. Me asquea la traición. Yo, que les pago bien, les doy sus días, los trato com