Capítulo 70
El taxi se detuvo frente a uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Las luces de la entrada brillaban, reflejándose en la carrocería del coche y en los cansados ojos de Augusto, que parecía renacer poco a poco.
Miró al taxista con firmeza, a pesar de la evidente fatiga.
— Espere aquí. Vuelvo en cinco minutos.
El conductor asintió, todavía receloso, pero algo en el tono de Augusto le decía que debía confiar.
Augusto bajó del coche con pasos más firmes ahora, entró en el vestíbulo