Capítulo 69
Dos horas habían pasado desde el secuestro. La noche avanzaba silenciosa y fría cuando un coche de cristales oscuros se detuvo frente a la entrada lateral de un burdel decadente, escondido en las sombras de un callejón mal iluminado.
La puerta trasera se abrió con brutalidad. Dos hombres bajaron y, sin ninguna delicadeza, arrastraron a Augusto Avelar hasta la acera, arrojándolo al suelo como si fuera un saco de basura. Uno de los matones abrió una botella de whisky barato y derramó