Adara tenía que mantener un perfil mientras la visita estuviera en el reino de Troe.
Quería tanto ver a su esposo, solía pasear por los jardines intentando disimular un poco sus actos.
Fue por la tarde mientras todos celebraban sus acuerdos que ella pudo salir al jardín y caminar fuera del recinto, deambuló un rato por los bosques y pudo verlo: Stefano la esperaba y ella sonrió.
Corrió a sus brazos y él la abrazó.
—Stefano, amor mío.
—Adara, ¿estás bien?
—Sí, tuve fiebre y algo de dolor, pero estoy bien.
—Estoy muy preocupado por ti —acarició su rostro.
—Lo sé, casi lo logro, pero debes ser paciente.
—Estás en las manos de nuestros enemigos.
—Lo sé, pero pronto todo cambiará. Descubrí la alianza de Orestes con el rey de los Grises, es algo sólido.
—Hay que romper esa alianza.
—Lo sé, por eso debo de quedarme más tiempo, debo hallar la forma de romper esa amistad.
—Adara, te amo, nunca olvides eso.
—Lo sé, ahora vete, debes cuidarte porque cuando regrese voy a desear mucho cariño y beso