Adara tenía que mantener un perfil mientras la visita estuviera en el reino de Troe.
Quería tanto ver a su esposo, solía pasear por los jardines intentando disimular un poco sus actos.
Fue por la tarde mientras todos celebraban sus acuerdos que ella pudo salir al jardín y caminar fuera del recinto, deambuló un rato por los bosques y pudo verlo: Stefano la esperaba y ella sonrió.
Corrió a sus brazos y él la abrazó.
—Stefano, amor mío.
—Adara, ¿estás bien?
—Sí, tuve fiebre y algo de dolor, pero es