Lyra le puso sus garras en su cuello.
—Miren a quién tenemos aquí.
La empujó a la sala en donde todos la miraron.
—¡Adara! —se levantó Orestes.
—Yo… Soñé con mi papá, me llamaba… —intentó parecer afligida—, creí que era real.
Lysandro miró a la bella joven que olía delicioso y se levantó.
—Preséntame a tu amiga.
—Adara, ella es mi… Novia.
—Vaya.
Se acercó a la joven que podía sentir lo poderoso que era y él la olfateó.
—Huele a flores, es una dulce, dulce doncella.
—Sí, ella ha pasado por mucho