Orestes le contaba a Eleazar sobre lo sucedido con Lotar.
—No me alegro, es mi gente —dijo él—, siento que se ha hecho justicia de una forma bizarra.
Orestes abordó el tema que le interesaba.
—Ahora tu hijo repudió a Adara y yo deseo tomarla como mujer para mí.
Eso sorprendió a Eleazar que preguntó.
—¿Eso es lo que quieres?
—Es hermosa, además he estado mucho tiempo solo.
Eleazar meditó en esa propuesta y le dijo a su amigo.
—Voy a pensar en ello.
Él sonrió y supo que conseguiría a la bella Adara para él.
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Adara daba vueltas en su habitación tenía dos poderosos enemigos que enfrentar: una bruja y un vengador.
Stefano no le hacía caso, es más estaba frío con ella, pero su deber era buscar su cariño.
Salió a caminar y vio la práctica de todos los guerreros y en medio su esposo fuerte y gallardo.
Se acercó a verlo de cerca, daba órdenes y ella se sentó a mirarlo con atención. Lo amaba, se enamoró de su lado bestial y de su historia.
Tenía su marca que ardía cerca de él. Stefano al verla