Cuando llegaron a Abrolia, sintió un viso de esperanza, solo quería abrazar a Stefano y llorar entre sus brazos.
Driana la recibió.
—Adara, volviste.
Orestes le dijo a la bella reina.
—Adara ha pasado momentos terribles.
—Quiero hablar con mi esposo.
—Stefano ha estado calmado, supongo que verte será para él muy bueno.
Ella avanzó decidida y fue a la torre en donde Stefano estaba en silencio mirando por el amplio ventanal.
—Esposo mío.
Él se dio la vuelta y la vio, era ella.
—Tengo que… Decirte que estoy sola en el mundo —sollozó—. Mi padre y mi pueblo fueron devastados.
Stefano le respondió con frialdad.
—Justo destino para un traidor.
Ella lo miró horrorizada.
—Stefano.
—Volviste para torturarme.
Pasó por su lado.
—Espera, por favor.
—Adara, quiero que duermas lejos de mí, es más no te quiero en la torre.
—¿Por qué?
—Porque me repudias, solo eso.
—Stefano, nos amamos.
—Tal vez todo fue un engaño, eres hábil en eso.
Ella no entendió y él tocó la piedra lunar que Agar le había dado par