Agar revisaba su libro con atención.
—Veamos, perfumes, aromas malditos —sonrió—. La rosa negra del olvido, cuando se activa su poder causa repudio en quién la use.
Esa chic recibiría una lección y salió discretamente a buscar en las partes rocosas y altas la rosa en mención.
Un producto de la naturaleza que manipulado era muy efectivo.
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Adara revisaba los libros de hechizos, si la duquesa había hechizado más objetos, sería complicado.
—A este paso me volveré bruja —sonrió.
Debía fijarse en todos los artículos para poder descubrir si había más de ellos. Tenía que ayudar a Stefano, pues su siguiente transformación sería más fuerte.
Salió a tomar sol y vio a Orestes mirando unas rosas, no le inspiraba nada bueno, pero debía ser cordial.
—Buenos días, rey Orestes.
—Adara, eres un deleite a los ojos.
—Gracias —dijo coqueta—, ¿qué planes tiene para hoy?
—Espero a Eleazar para dar un recorrido por los campos de Abrolia.
Eleazar salió con su comitiva.
—Estoy listo —miró a la joven y le dijo