Adara dormía inquieta, se daba vueltas en la cama y acomodaba su almohada.
Afuera una criatura conocida como Troll de los avernos se movía sigilosamente. Iba hacia la torre.
Subía por ella con una agilidad increíble hasta alcanzar el balcón de los aposentos reales.
“Busca a la chica y mátala”. La voz de su ama lo controlaba. Normalmente, el balcón pasaba cerrado, pero cuando Stefano era normal abierto.
Las cortinas se remecían con el viento y Adara sentí parte del viento helado y eso lejos de relajarla la tenía inquieta.
La criatura entró sin hacer ruido, era pequeña, pero con garras filudas como sables. Vio al mueble, el joven estaba de espalda y la bella dama dormía.
Paso a paso se acercaba, solo un corte en su bello cuello y todo acabaría para la princesa.
Justo cuando afilada su garra… Algo saltó sobre él enviándolo contra la pared.
—No te metas con mi luna.
La voz de Stefano era ronca y sus ojos dorados intensos.
—¡La mataré!
Intentó llegar a la joven y fue atravesado por la garra