Adara pasó una noche de pesadillas, se veía corriendo y a su padre con una turba diciéndole: maldita.
El rey Eleazar la perseguía, Driana pedía su cabeza y el lobo negro aullaba. Se levantó agitada y vio en la cama a Stefano.
Se levantó y se acercó a tocarlo. Este, al sentirla cerca, tiró de ella y la abrazó con fuerza, pegando su nariz a su cuello.
—Tienes pesadillas…
—Sí.
—Duerme, te cuidaré.
El aliento a alcohol no le molestó, cerró sus ojos y se vio en un campo de flores y Stefano de cara al