Adara acomodaba todo para afrontar la nueva transformación de su esposo, acomodó las tartas y el jugo de fresas, cobijas, almohadas y algunos postres.
Las codornices las puso en una bandeja y otro tipo de bocados. Vio la noche en su apogeo y la luna emergiendo, cerró la reja y tomó asiento.
La parte más dura era escucharlo retorcerse, esperó hasta que escuchó un aullido y supo que pronto lo tendría cerca de ella.
Se quedó unos momentos y escuchó un estruendo y el golpetear de sus pasos yendo veloz a ella.
Entró furibundo, resoplando y mirando con desconfianza a todos lados y ella se levantó.
—Hola.
Le gruñó y ella le mostró una pierna de pollo asada.
—Te traje tu favorito.
Se acercó con cierta desconfianza y se echó a cierta distancia y ella le mostró el jugo de fresas.
—Es mi favorito.
Sus ojos dorados la miraban fijos como si estudiara la forma de sacarla de esa jaula.
Ella le pasó la bandeja con una vara.
—Sé que te gustará mucho.
Olfateó y luego tomó un poco, se detuvo y volvió a p