Adara acomodaba todo para afrontar la nueva transformación de su esposo, acomodó las tartas y el jugo de fresas, cobijas, almohadas y algunos postres.
Las codornices las puso en una bandeja y otro tipo de bocados. Vio la noche en su apogeo y la luna emergiendo, cerró la reja y tomó asiento.
La parte más dura era escucharlo retorcerse, esperó hasta que escuchó un aullido y supo que pronto lo tendría cerca de ella.
Se quedó unos momentos y escuchó un estruendo y el golpetear de sus pasos yendo vel