El estruendo sacudió los cimientos del palacio como si la tierra misma se hubiera partido en dos. Anya sintió primero la vibración bajo sus pies, luego el sonido ensordecedor que pareció detener el tiempo por un instante. Los cristales de las ventanas estallaron en una lluvia de fragmentos que reflejaban la luz del atardecer, convirtiendo el pasillo en un caleidoscopio mortal.
—¡Abajo! —gritó alguien a su espalda.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente, lanzándose al suelo mientras una segunda