El sol se filtraba a través de las cortinas de seda del salón de té del ala este, proyectando sombras doradas sobre el mármol pulido. Anya contemplaba el jardín desde la ventana, observando cómo los jardineros reales podaban meticulosamente los setos de boj. Tres semanas habían pasado desde el baile, y la tensión en palacio crecía con cada día que el príncipe Elian postergaba su decisión final.
El tintineo de porcelana la sacó de sus pensamientos. Al girarse, se encontró con la figura elegante