18

El grito atravesó los pasillos del palacio como una daga, cortando el silencio de la noche. Anya se incorporó de golpe en su cama, con el corazón martilleando contra su pecho. Tardó unos segundos en ubicarse, en recordar que estaba en Argemiria, en el ala este del palacio real. El reloj de su mesita marcaba las 3:17 de la madrugada.

Otro grito, más agudo, más desesperado.

Se puso la bata sobre el camisón y salió al pasillo. No fue la única. Varias puertas se abrieron simultáneamente. La guardia
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