El automóvil avanzaba por un camino rural bordeado de cipreses centenarios. Anya observaba el paisaje a través de la ventanilla, mientras las nubes proyectaban sombras danzantes sobre los campos de Argemiria. Era la primera vez que salía del palacio desde su llegada, y la sensación de libertad, aunque momentánea, resultaba embriagadora.
—¿Falta mucho, Capitán Deveraux? —preguntó, dirigiéndose al hombre que conducía.
Nikolai Deveraux, jefe de seguridad personal del príncipe Elian, mantenía la vi