—NATALIA—
Contemplo absorta el color de mis manos hasta mi antebrazo, como si las hubiera metido en algún recipiente de tinta negra y ahora tuviera permanentemente unos guantes que me recuerdan una y otra vez lo ocurrido hace poco.
Esa pequeña ruptura de una barrera que aparentemente todavía se mantenía intacta en mi interior.
Han pasado ya tres días desde que Penélope consiguió hacerse paso en mi mente.
Han pasado ya tres días desde que entendí que no estoy sola en mi propio cuerpo o que quizá