Esa misma noche, la mansión estaba más silenciosa que nunca. Después de firmar los documentos de protección legal, algo dentro de mí había cambiado. Ya no sentía solo rabia o miedo. Sentía una mezcla peligrosa de resignación y deseo que me aterrorizaba.
Adrián me encontró en la terraza del segundo piso. Yo estaba apoyada en la barandilla, mirando las luces de la ciudad que se extendían abajo como un mar de estrellas artificiales. Llevaba solo una bata de seda sobre la ropa interior. El viento f