La mañana siguiente amaneció con una tensión nueva en la mansión. El beso de anoche en la terraza seguía quemándome en los labios. No habíamos hablado de ello en todo el día. Adrián se había ido temprano a la oficina y yo me quedé encerrada en mi habitación, intentando procesar todo lo que estaba cambiando entre nosotros.
A las ocho de la noche, Matilde tocó a mi puerta.
—Señora Elena, el señor la espera en el comedor principal. Dice que es importante que bajen juntos esta noche.
Suspiré. Otra